Confianza recuperada

En algún momento, dejé de reconocerme en el espejo. Después de la terapia, eso cambió, no de repente, sino de forma natural. Empecé a sentirme más fuerte, más segura, como si mi reflejo por fin volviera a tener sentido. No es vanidad; es equilibrio. Mi confianza no venía de la apariencia, sino de sentirme bien conmigo misma.